Sentados, apoyamos bien el cuerpo en contacto con el asiento.
Nos sentamos y al hacerlo sentimos el peso del cuerpo cansado, cayendo todo el peso del cuerpo a la parte que toca el asiento. Nuestros brazos se sienten inmóviles, las manos, apoyadas no sienten fuerza, dejamos caer el peso del cuerpo al asiento, lo que nos libera y nos hace parecer volátiles, como si nos elevásemos por encima nuestro. Sin temor que nos desconcentre, con nuestro apoyo en las piernas las dejamos caer hasta llegar a nuestros pies, también flojos.
Somos una espiga en el verde campo que airea su respiración apaciguada, con esa calma que nos envuelve y al dejar caer el peso de los pies al suelo, sólido y absorbente, nos quitamos una pesada carga que nos molestaba. Ahora, estamos en contacto conforme y pleno con nuestra calma, hemos dejado de sentir nuestro peso y podemos llegar a concentrarnos en aliviar nuestro dolor.
Primero volvemos a mirarnos por dentro desde los pies a las rodillas, a los muslos, luego a la parte baja de la espalda, respiramos lento mientras subimos, vértebra a vértebra, a las caderas y seguimos a la cintura mientras respiramos para llegar a los omoplatos y despacio ascendemos a la nuca. Nos paramos en aquel punto que nos dolía o molestaba para descargar el dolor pasándolo al asiento.
A continuación por el pubis subiendo hacia la cintura por delante, llegamos sin malestar a la caja torácica, al pecho y a los hombros que no sienten el peso de la cabeza ni de los brazos. Los recorremos hacia los codos, antebrazos y llegamos a las manos con satisfacción de pasar nuestro peso a los apoyos del asiento.
Así, regocijando nuestro cuerpo en su estancia placentera, estamos tranquilos, en calma con uno mismo, sin estrés ni prisa, con una relajación profunda, tan profunda que podemos vernos desde fuera de nosotros en un estado de confort, de templanza que nos asegura la vuelta -poco a poco- a nuestro asiento tomando unos instantes para visualizar nuestro organismo plácido, sin agobios, solo con un estado dormitativo, para apaciguarnos al tiempo que empezamos a notar los dedos de las manos y de los pies moverse lentamente, entre los brazos y las piernas comenzamos a notar movimiento suave y la respiración tranquila nos trae el despertar del cuerpo, de los hombros, la cabeza erguida y vamos abriendo los ojos, despacio y con suavidad para vernos ya despiertos.
Levantarse despacito.
Fin de la sesión.
Como siempre en estos audios suelo indicar, al terminar sin prisas, sin correr, levantarse despacito. Pronto subiré el audio... Cuestiones técnicas que mejorar.
PROXIMAMENTE… estamos trabajando en el nuevo audio, disculpa las molestias
Ya está disponible una nueva sesión: «Hora de relajación antidolor» que espero disfrutéis y os valga para no solo relajarse, además para mantener el estatus sano o al menos para encontraros mejor. Un abrazo estelar.
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