Sesión avanzada, hay que saber meditar. Nos vamos a preparar para hacer un viaje astral; aunque no puedo definir lo que veis cada uno, puedo hablar en un tono abstracto. Comenzamos con relajación tumbados, escaneando el cuerpo despacio, sin movimiento, solo la respiración sube y baja con nuestro pecho. Ojos cerrados, vemos pies, piernas, rodillas, muslos, seguimos por las caderas, cintura, espalda y pecho hasta llegar a los hombros, vemos manos, brazos, codos, tríceps, cuello, nuca y llegamos a a cabeza para sentir una respiración lenta, sin prisa, con cierta cadencia, relajando, con su pausa y sin agitación. Nuestro estado mental es acorde a nuestro respirar. Suavemente notamos la relajación de los músculos, dejamos caer el peso del cuerpo al apoyo que tenemos debajo y nos sentimos muy tranquilos, sumergidos en un estado de conciencia de lo que tenemos alrededor. Creamos una cuerda de asentamiento que va desde nuestra coronilla en lo alto de la cabeza hacia arriba, pasando por la frente, manteniendo los ojos sin abrir. Nos conecta imaginariamente el espíritu con el cuerpo. Vemos el cuerpo desde arriba, no hay tope, no hay techo. Esta cuerda nos sirve de apoyo por si en cualquier momento del viaje queremos regresar. Relajación, respiración, conexión con nuestro cuerpo astral que ya ha comenzado a moverse hacia un lugar donde queremos estar, sea presente o futuro. Ese sitio se alcanza como si hiciéramos por sentarnos al llegar allí. Así podemos extender el viaje hasta una línea arriba, que nos delimita la subida y una abajo que nos marca nuestra superficie. Nos paramos. Vemos todo lo que tenemos cerca, al principio con nubosidad, después con más claridad. Podemos escuchar ese entorno y sentirse transportados a aquel lugar deseado. Donde nuestra calma no se rompe, vemos lo que sucede, el tiempo marcando su paso y la respiración muy despacio, con control, sin que nada nos altere ni sobrepase. Llegados a este punto de acercamiento, estamos el rato que nos apetezca hasta decidir volver. Debemos guardar en la recogida, aquello que nos llamaba la atención del viaje para analizarlo después, en espera de contactar plenamente con nuestra esencia. Por ejemplo, tras una espumosa nube brillante de luz blanca asoma un unicornio igual de blanco y con alas espléndidas que pasea y levanta sus patas en señal de saludo. Y desaparece alzando el vuelo, tras un campanario de roca gris hasta donde podemos llegar para apoyarnos en el suelo. Ahora nos sentimos con ganas de meditar. Escuchamos la voz y vemos ondas alrededor de la torre. Se hace el silencio mientras contemplamos la frecuencia como si pudiésemos dibujarla con la imaginación, en blanco y negro, sobre el cielo celeste, nítido. Notamos que las ondas se esparcen y nos llegan vibraciones a la mente primero, después al cuerpo sumergido en este combinar la buena vibra, observando la naturaleza que pasa rápido ante nuestros ojos impertérritos, sostenidos en el aire hasta que el caballo se acerca al paso, nos subimos y nos lleva al trote alado, después al galope agarrados a su cuerno espiral. De nuevo recorremos un sorprendente jardín que podemos tener presente para recoger alguna semilla del mismo. Hay suma calma, todo está en paz. Nos unimos a esa onda expansiva que se forma cuando el unicornio desaparece entre la vegetación abundante que nos trae de regreso para llegar a nuestro asiento. Para regresar, seguimos el cordón que nos une con el cuerpo físico, viéndonos de nuevo desde lo alto, tumbados con los ojos cerrados y como en un vuelo espiral se vuelca nuestra energía con el cuerpo. Notamos nuestra respiración más rápida ya y nos sentimos absorbidos a través de la cuerda desde nuestro cuerpo etéreo al cuerpo físico. Nos fijamos, escaneando, en cada parte de nuestro cuerpo, cerrando el punto del que partió el movimiento de nuestra cabeza. Nuestros pies quietos, nuestras piernas, pasamos a la espalda, brazos y cuello, una vez en la cabeza contemplamos que la cuerda se ha recogido y nuestra mente ha finalizado el viaje. Respiramos acompasadamente, recogiendo nuestra energía mental en lo que vamos moviendo las manos y pies, abrimos despacio los ojos, hemos despertado de nuestra ensoñación. Con calma, suavemente, nos levantamos y estiramos para hacer memoria de nuestro viaje y apuntar lo que creamos destacar. Fin de la sesión.
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