Me encanta cuando quedo con mis hijos a comer y les preparo cosas ricas, lo pasamos bien, nos divertimos, nos contamos nuestras cosas y a veces vamos a ver a mi familia. Son momentos bonitos por los que pagaría y que me alegran la existencia. Tras una crisis que he pasado con sucesos de agorafobia no quería más que estar en casa, apenas pisaba la calle. Ahora adoro y valoro volver a poder salir con ellos también.
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