Tarotista asesora

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RELATOS cortos, con audio: «Relación profunda»

Caía la tarde.   
Romeo se sentía bien con aquella mujer de rasgos bonitos. Sus sabias manos sobre su piel le hacían relajarse con aquel masaje que más le parecía sensual que descargarle la tensión. Pero estaba a gusto dejándose ir, tanto que le costaba no quedarse medio dormido con aquella sesión. Servicio que pagaba a precio reducido, ya que estaba completando un pack, que estaría encantado de disfrutar.
De hecho, no se hacía a la idea de tener que separarse demasiado de Dunmila, la estaba empezando a coger cariño dentro de aquel contexto especial en el que se conocieron y que para ambos era nada habitual.
En estos pensares estaba cuando comenzó una tormenta eléctrica. Ella proseguía tanteando la espalda completa, bien formada, alineando con sus dedos largos las caderas fuertes y compactas al son de los truenos. Tan potente se erguía la descarga de rayos y relámpagos que hubo un apagón de luces tanto en la calle como en la casa. Y ella le pidió unas velas mayores, pues las aromáticas poco alumbraban.
Así que los dos se vieron sorprendidos por la penumbra y los sonidos estruendosos del clima. Ninguno estaba confuso con aquel fortuito cambio de escena e incluso parecían encontrarse mejor que al principio de la sesión, cuando estaban algo distantes en la manera de llevar la terapia.
Ahora se compenetraban siguiendo la alineación de la espalda vértebra a vértebra, subiendo y bajando, apretando los puños con energía diestra mientras los latidos pausaban el ritmo de los relámpagos que parecían no dejarse doblegar con cierta fiereza.
Acabó su trabajo dispuesta a marcharse, pero el instó a que se quedara aquella noche pues era tarde y tendría una habitación libre de inmediato. Podrían cenar y charlar hasta la hora de dormir, mientras la tempestad no cesaba. Sus ojos parecían mirarse más profundo hasta encontrarse casi sin buscarse entre las sombras de las candelas y la visión anómala de ambos cerca de rozarse.
Pero R no estaba dispuesto a que se perdiese una buena amistad por intentar tener una aventura esporádica, por ello se mantuvo firme a pesar de sus ganas de poseerla. D pareció entender esos pensamientos y como si le infundara tranquilidad le cogió de las manos y le propuso una tarea para el día siguiente. De repente, un terrible trueno asoló el silencio del salón y el consiguiente rayo refulgió haciendo que D caiga en brazos de R. Tan ruidoso fue que se agarraron con fuerza y al momento de darse cuenta de su azarosa situación, se soltaron lentamente.
Decidieron entonces irse a dormir para estar frescos a la mañana siguiente, cuando volvió la luz. R invitó a D a pasarse alguna noche a escuchar música con él, una vez que acabasen las vacaciones y que no recordase que tenía que encontrarse con ninguna Nueva mujer, pues desde que estaban conociendo más, no le apetecía desprenderse de ella. D se sonrojó y el sonrió dándose las buenas noches, con la continua tormenta acechando.
Cada uno en otra habitación en distinta cama pensaba en el otro, esa mirada uniforme de él, aquella forma sensual de tocarle y el sonido rugiendo por toda la casa de aquella magnífica lluvia y su noche tormentosa.

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