A la mañana siguiente, tras la tormenta vino la calma. No apartaban la mirada el uno del otro mientras desayunaban con un café. El no estaba acostumbrado a llevar mujeres a casa a dormir, sin embargo la presencia de D no le molestaba, es más, le llegaba a seducir, le transmitía serenidad e incluso amistad. Ella, por su parte, estaba despertando a nivel interno de su realidad, era la primera vez que dormía en casa de un hombre.
Había estado ocupada con su crecimiento espiritual y sus consultas, lo que solo le dejaba tiempo para sus amigas. A los 24 años no era habitual ser virgen y le parecía que cuando llegase el momento sería por sentimiento, no una simple noche loca. Pero no le importaría estar con R sin tener en cuenta que él no la veía como mujer de una relación de una noche. Se empezaban a gustar de verdad.
El ejercicio que se proponía, tras echarse unas risas por la tempestad anterior, era de visualización para conectar con su esencia pasando a planos superiores de conciencia. Esto lo pensaba hacer con un péndulo y hablándole para entrar en trance y poder llegar al estado interior adecuado, alineado con su alma.
El le avisó de que mejor sería que pasasen a otro ejercicio, ya que no veía donde le podía llevar en beneficio. Mientras, Dunmila omitiendo la advertencia, preparaba la nueva sesión para empezar con un ligero hipnotismo, que a la cuenta de tres empezaría a visualizarse en una situación como sugerencia "en armonía".
Romeo miraba el objeto y escuchaba atento dejándose dormitar para aflorar un plano más profundo del subconsciente. Llegaba a un paraje de poca vegetación, semi desierto, con dunas y tierra fina. Se acercaba a un oasis donde parecía tener el paraíso hecho realidad con bellos colores y hasta aromas cuando comenzó a sudar. Un tremendo calor le asaltaba, no podía llegar al agua para beber... era un espejismo. La ansiedad se apodera de él cuando una mujer se le apareció para ponerle un paño húmedo con que refrescarle.
Atenuando su calor D le había puesto unas gasas mojadas en la frente e intentaba despertarle pero el quería seguir su viaje, acercándose a una vegetación donde cambiaba el escenario. Ahora había un grupo de hombres con la cara tapada con pañuelos y otra mujer con la boca cubierta por un velo. Extendió su mano para ayudarla a salir como si estuviese retenida contra su voluntad y ésta le dio una gema en lugar de agarrarse.
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