Hay tres libros que me marcaron en mi época de pubertad.
Poesía clásica, porque me leía mi padre de chavalilla y de ahí debió de nacer la inspiración para escribir rimas y poemarios, algunos premiados hace tiempo.
Yoga, porque me regaló, también mi padre, un libro de adolescente con el que creo que comencé mi andadura por la meditación y que me ayudaría en mi rebeldía juvenil y posterior aprendizaje para conectar con mis dificultades y su superación.
El Quijote, porque también en esa época descubrí la riqueza del léxico y el vocabulario de las letras españolas que tanto me gustaban cuando estudiaba, cosa que no siempre demostraba para mi caos personal.
Habría más libros que enumerar, pero estos los tengo en un rincón tan especial que no necesito desprenderme de ellos para conservarlos, forman parte de gratos recuerdos.
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