Los cuentos que me contaban de pequeña como los de los hermanos Grimm eran libros ilustrados muy bonitos, también los cuentos clásicos de las Mil y una noches. Había también una serie de libritos que venían preparados para el tocadiscos de entonces, que escuchábamos y leíamos para aprender bien, como Pinocho y otros. Era fascinante la magia que se creaba.
Teníamos historias que se inventaban en casa, relatos que hacíamos con mis abuelos pasando buenos ratos, cuentos que todavía permanecen en la memoria.
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